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El oído, la audiometría y su relación con los fonemas

15/03/2020
Pérdida auditiva por la edad. Medical Óptica Audición.

Ya hemos hablado de la importancia de hacer una revisión de la salud auditiva, sobre todo a partir de cierta edad o cuando se siente alguna anomalía. En el artículo anterior hablábamos sobre la revisión auditiva, su objetivo y las pruebas que se realizan. Para entender este artículo es fundamental comprender las diferentes pruebas que se realizan en una audiometría y los tipos de pérdida auditiva que pueden padecer los usuarios. De este modo, entenderemos por qué unos fonemas se escuchan mejor o peor que otros.

Dentro de una audiometría hay varias pruebas que ya hemos mencionado, cuyo fin es medir la capacidad auditiva para detectar el tipo de pérdida, evitar su progreso y poder trabajar en soluciones.

La audiometría tonal por vía aérea, nos permite conocer la capacidad auditiva y obtener un perfil audiométrico. Por otro lado, en la audiometría tonal por vía ósea, se estimula directamente el oído interno mediante vibraciones, para determinar los niveles mínimos de intensidad en los que se perciben los estímulos acústicos. Con ambas pruebas se construye un audiograma que nos permite conocer el nivel de pérdida auditiva. Aunque desconocemos la capacidad de entendimiento que tiene el usuario.

A través de una logoaudiometria medimos la capacidad para escuchar y comprender que tiene una persona. Los resultados de esta prueba muestran el nivel de entendimiento en una conversación. Para ello se emiten palabras fonéticamente balanceadas que el usuario debe repetir para evaluar su capacidad. Para detectar y repetir palabras se determina la destreza del usuario para comprender una palabra. Por lo que, en una audiometría vocal o logoaudiometría se analiza el umbral de recepción de esa palabra y el porcentaje de discriminación.

Finalmente, se mide el nivel de confort o umbral de molestia. Es decir, la tolerancia a las intensidades altas. Así, se determina a partir de qué nivel los sonidos son molestos para el usuario.

Tipos de pérdida auditiva

Tras una evaluación completa del oído y de todas sus partes, se puede determinar el nivel de pérdida que tiene una persona. Por tanto, podemos hablar de tres tipos de pérdida auditiva fundamentalmente:

La pérdida auditiva conductiva o de transmisión se produce en el oído externo y medio. En este caso, el sonido no pasa del oído externo al interno. Algunas de las patologías que provocan esta pérdida son la exostosis u oído de surfista, un tapón de cera o una infección en el oído (otitis). En estos casos, la pérdida se puede tratar mediante medicación, si se trata de una pérdida temporal. O con audífonos si es permanente, ya que la persona necesita más volumen para poder oír bien.

La pérdida auditiva de percepción, coclear o neurosensorial, se produce por una alteración en el funcionamiento del oído interno. Este tipo de pérdida es especialmente importante a partir de los 60 años. Puesto que el desgaste por la edad o presbiacusia es uno de los principales motivos que originan este tipo de pérdida auditiva. Por otro lado, la exposición prolongada a ruidos fuertes y el abuso de los auriculares se están convirtiendo en factores determinantes. Además de las sustancias nocivas para el oído, también conocidas como ototóxicos. Algunos ejemplos de estas sustancias son determinados medicamentos y compuestos químicos. Por último, no nos debemos olvidar de los factores genéticos que también inciden directamente en la pérdida auditiva.

La pérdida auditiva mixta es una combinación de los dos tipos de pérdida anteriores. Por tanto, hay daños en todas las partes del oído.

Tanto la pérdida auditiva neurosensorial como la pérdida mixta son irreversibles. Pero se pueden tomar medidas como el uso de audífonos para mejorar la capacidad auditiva y paliar los efectos de esta pérdida.

¿Por qué unos sonidos se oyen mejor que otros?

Una vez que conocemos el tipo de pérdida auditiva podemos considerar que unos fonemas se escuchan peor que otros dependiendo del tipo de pérdida.

Cada sonido o fonema se escucha en una parte de la cóclea. En consecuencia, ante una pérdida auditiva de percepción, por presbiacusia (envejecimiento) o por un daño en la cóclea, un sonido agudo deja de oírse antes que un sonido grave. Es decir, las frecuencias agudas por norma general se pierden antes.

Cuando hay pérdida auditiva, los sonidos agudos se dejan de oír antes que los sonidos graves.

Dependiendo de la parte del oído dañada, exterior, medio o interior, también varía la intensidad con la que se perciben los sonidos. Por lo que, debemos considerar la intensidad a la hora de oír. Según la intensidad con la que se perciben los sonidos, la cual se mide en decibelios (dB), también podemos diferenciar distintos tipos de pérdidas auditivas: leve, moderada, severa y profunda.

Cuando la pérdida es leve se tienen dificultades para percibir ciertos fonemas. Suele ser frecuente que esta dificultad se agudice en los sonidos agudos. Ante una pérdida auditiva moderada la capacidad para comprender las palabras se reduce mucho más. Por otro lado, cuando la pérdida es severa solo se perciben las palabras de mayor intensidad. Finalmente, cuando la pérdida es profunda solo hay silencio.

Por tanto, con una pérdida auditiva neurosensorial es más difícil comprender los sonidos cuando la intensidad es baja y una intensidad alta, puede ser molesta. Mientras que con una pérdida auditiva conductiva, cuando la intensidad es baja, simplemente se necesita más volumen para poder oír mejor.

En la prueba de umbral de disconfort se mide el nivel a partir del cual los sonidos son molestos para el usuario. La respuesta del oído a las diferentes frecuencias no es la misma cuando varía el umbral. Por lo que la molestia puede variar en función de la frecuencia. Esta prueba es fundamental para ajustar correctamente los audífonos.

Por todo esto, podemos concluir que tanto las frecuencias como la intensidad con la que se perciben los sonidos influyen en la capacidad auditiva, en si oímos o no oímos, y en cómo se escuchan mejor unos fonemas que otros.

La revisión de la salud auditiva es fundamental para detectar problemas y actuar cuanto antes para evitar la progresión de la pérdida auditiva y minimizar las consecuencias. Según la causa de la pérdida, hay usuarios que sólo necesitan subir el volumen de las frecuencias para recuperar su audición pero, otros necesitarán de mayores ajustes para mejorar sus necesidades auditivas.


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