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Lateralidad cruzada, cuando vista y manos no se coordinan

Lateralidad cruzada qué es

Todos tenemos claro cuál es nuestra mano dominante, incluso el pie. Zurdos o diestros, somos conscientes de cuál es la mano y la pierna con la que tenemos más habilidad. Pero ¿sabías que además de tener una mano y un pie dominantes, también tenemos un oído y ojo dominante? Es más, lo habitual es que la dominancia sea siempre del mismo lado, tanto para ojo, como oído, mano y pie. Por eso, cuando la dominancia no está toda en un mismo lado hablamos de lateralidad cruzada.

La lateralidad empieza por el cerebro, ya que está dividido en dos hemisferios, cada uno de ellos se encarga de distintas funciones y partes del cuerpo. La lateralidad se desarrolla en los primeros años de vida, cuando tras 4 o 5 años nos definimos como zurdos o diestros. Y no solo es una cuestión de cuál será la mano con la que escribiremos toda nuestra vida, la lateralidad es básica para saber movernos en el espacio, procesar información sobre todo, para desarrollar las habilidades de escribir y leer.

Conectando los dos hemisferios

Los recién nacidos, si los comparamos con un coche, tienen un chasis y un potente motor, el cerebro, pero todavía queda mucho para aprender a sacarle partido. Así, primero comenzamos a arrastrarnos, para pasar luego al gateo y más tarde ya echamos a andar. Se trata de un proceso en el que en paralelo aprendemos a integrar o funcionar con los dos hemisferios del cerebro a la vez, lo que nos permite coordinar manos y pies.

Mientras aprendemos primero a gatear y luego a andar, conectamos ambos hemisferios del cerebro para coordinar nuestras manos y pies

Todo transcurre en paralelo, ya que mientras pasamos de movernos con las cuatro extremidades a dos, también madura nuestra vista. Así, pasamos de ser monolaterales, luego a bilaterales y finalmente nos hacemos laterales, definiéndose ese «soy zurdo» o «soy diestro» que todos conocemos. Y eso incluye la dominancia visual, que indica cuál es nuestro ojo «preferido» por así decirlo. Pero ¿qué ocurre si ese proceso de lateralización se alarga en el tiempo o no se llega a completar del todo?

Un diagnóstico preciso para tratarlo cuanto antes

Una lateralidad definida es esencial, porque en su ausencia pueden manifestarse problemas con el manejo del espacio y del tiempo, inseguridad, en el movimiento y otros problemas que en ocasiones se pueden confundir con TDAH. Por todo ello, es importante que ante la aparición de este tipo de síntomas se acuda a un profesional optometrista u oftalmólogo para hacer un correcto diagnóstico.

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Una evaluación completa buscará conocer cuál es el estado del proceso de lateralización del niño, ya que puede estar en un punto pre-lateral, y por tanto no tendría la lateralidad definida. En cambio, si ya está definida, el profesional realizará diversas pruebas mediante las que será capaz de detectar cuál es el hemisferio que está interfiriendo en el proceso, para poder llevar a cabo acciones correctoras.

En el siguiente vídeo podemos ver una prueba sencilla en la que se puede detectar problemas de lateralidad:

La falta de una lateralidad definida se manifiesta en este caso por la incapacidad del menor de unir las líneas que traza. Pero en otras ocasiones se manifiesta con dificultades a la hora de leer, confusiones entre letras como la «b» y la «d», utilizando el dedo para seguir lo que se lee, desordena palabras o números. Pequeños fallos que de no llevar a un correcto diagnóstico pueden llevar a intentar corregir un problema distinto pero que realmente no existe.

La solución, en manos de varios especialistas

Una vez se detecta una lateralidad cruzada o cualquier otro problema de lateralidad, la intervención temprana es clave para que el niño pueda seguir el ritmo de cualquier otro menor a la hora de aprender a escribir, dibujar, ver correctamente o incluso a hablar. Y es que los niños con la lateralidad sin definir tienen más dificultades a la hora de aprender a leer que los que ya la tienen definida, y no todos los niños culminan ese proceso con la misma edad.

En el tratamiento de cualquiera de estos problemas no solo interviene un profesional. La labor conjunta de optometristas, pedagogos y psicólogos, con ejercicios desarrollados a medida del menor, es el tratamiento más eficaz para lograr una lateralidad correcta y que el niño pueda continuar con su desarrollo normal sin mayores dificultades.