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¿Cómo afecta el humo en los ojos?

10/11/2016

Para que nuestros ojos estén confortables necesitan humedad, algo que se logra mediante la lubricación natural que proporciona el parpadeo. A lo largo del día parpadeamos una media de 12.000 veces para conseguir que los ojos estén cómodos. Tanto el parpadeo, como una buena nutrición, son importantes para la buena salud de los ojos, todo lo contrario de lo que ocurre cuando nos entra humo en los ojos.
Nuestras lágrimas están formadas por tres capas, cada una con sus elementos y funciones. Una capa está formada por agua, para humedecer los ojos, otra capa forma una barrera protectora, gracias a sus lípidos, que evitan que la capa de agua se evapore rápidamente, y la tercera capa contiene lubricante, la mucina, que garantiza que el resto de elementos se extiendan de manera uniforme cuando parpadeamos.

Efectos del humo en los ojos

El humo generado por la contaminación, por la combustión de la leña o por el tabaco, contiene una gran cantidad de partículas nocivas que irritan los ojos, además de afectar también a nuestro sistema respiratorio. Cuando nos entra humo en los ojos, inmediatamente nos escuecen y hace que se sequen, algo que es muy importante que evitemos, ya sea esquivando una exposición continuada frente al humo, o usando colirios que aumentan la hidratación del ojo.
Por ejemplo, además de las conocidas consecuencias mortales que provoca el tabaco, el humo que genera entra en contacto con nuestros ojos y puede producir malestares oculares, irritaciones o conjuntivitis que, con el tiempo, pueden derivar en cataratas. El simple hecho de fumar también está asociado a la degeneración macular, que es la principal causa de ceguera irreversible entre las personas mayores de 50 años.
El humo de la leña de las estufas, o de las chimeneas, es incluso más grave que fumar, y puede llegar a producir enfermedades como desprendimiento de retina. Este humo contiene partículas finas que aceleran el endurecimiento de las arterias, dióxido de nitrógeno (que puede irritar los ojos, la nariz y la garganta), monóxido de carbono (que puede provocarnos mareos, dolor de cabeza e incluso la muerte en casos de exposición continuada), dióxido de carbono y otros compuestos tóxicos que afectan directamente nuestra salud.


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